Me Convertí en la Madrastra de Cinco Villanos(6)

Capítulo 6: Ropa Nueva

—¿Tiene algo más barato? —Mu Jingzhe preguntó con el ceño fruncido.

—No hay nada más barato que esto, chica. Mira la calidad y el diseño. Este es ya el precio más bajo —respondió el dueño del puesto, señalando con orgullo las prendas.

Mu Jingzhe quiso decir que la calidad y el estilo eran bastante promedios, pero se contuvo. Aun así, no podía permitírselo.

Estaba en el mercado del pueblo con la misión de comprar ropa y material escolar para los niños. Había prometido hacerlo, y aunque Shao Qiyang estaba preocupado, no tenía tiempo de encargarse él mismo, así que le entregó a Mu Jingzhe el dinero que tenía. Lamentablemente, no era suficiente para comprar ropa nueva para todos.

Al ver que el dueño no cedería en el precio, Mu Jingzhe desistió y se dirigió a la tienda de telas. La ropa confeccionada era cara, pero la tela en sí era más accesible. Afortunadamente, ella sabía coser y tenía una máquina de coser en casa.

Tras comprar las telas y los útiles escolares que Shao Dong había anotado cuidadosamente en una lista, regresó a casa y se puso manos a la obra.

Muy pronto llegó el primer día de clases. Shao Dong se levantó temprano y estaba a punto de ponerse su ropa lavada cuando llamaron a la puerta.

Al abrir, vio a Mu Jingzhe con un montón de ropa en las manos.

—Pequeño Dong, hice esta ropa para ustedes. Sus nombres están en los bolsillos. Pruébenlas para ver si les quedan bien. También cosí una mochila sencilla para que la uses por ahora.

Shao Dong miró la ropa nueva con asombro. Estaba acostumbrado a que lo trataran con indiferencia, por lo que no sabía cómo reaccionar ante un acto de amabilidad.

Mu Jingzhe notó su vacilación y sonrió.

—Son todas nuevas.

Shao Dong reaccionó por fin y tomó la ropa con cuidado.

—Gracias.

Desde hacía mucho tiempo, la única vez que tenía ropa nueva era cuando su padre volvía a casa. Sin embargo, tras su partida, las prendas siempre les eran arrebatadas. Ahora, de repente, tenía ropa nueva solo para él.

Ese día, cuando los niños Shao llegaron a la escuela, atrajeron todas las miradas. Antes, eran los más lamentables, con ropa remendada, pero ahora vestían prendas que nadie más tenía en el pueblo.

Mu Jingzhe había confeccionado camisas y chalecos de manga larga para Shao Dong y Shao Xi. Los chalecos de doble capa los mantenían abrigados, pero podían quitárselos cuando el clima se tornara más cálido. Las prendas eran sencillas pero elegantes, resaltando su verdadera apariencia y energía.

Los hermanos se parecían en rasgos, pero no en temperamento. Si Shao Dong era tranquilo y reservado, Shao Xi tenía el porte de un joven príncipe de cuento.

Por su parte, Shao Nan llevaba una chaqueta de cuadros que le daba un aire sofisticado, mientras que Shao Bei lucía una blusa con cuello de muñeca, resaltando su dulzura. Con sus trenzas bien peinadas y un adorno en el cabello, se convirtió en la niña más llamativa de la escuela.

Al ver que todos la miraban con envidia y admiración, Shao Bei no pudo ocultar su felicidad. Normalmente, ella era quien envidiaba a los demás. Pero ese día, fue el centro de atención.

Por la tarde, cuando regresaron a casa, no dejaba de hablar de lo mucho que la habían elogiado. Entre sus palabras, incluso lanzó un cumplido a Mu Jingzhe.

Al principio, Shao Xi escuchaba con una sonrisa, pero luego su expresión cambió.

—Es solo ropa y un peinado. ¿Te cae bien solo por eso?

Shao Bei no notó su tono.

—No es que me caiga bien, pero realmente sabe trenzar el cabello.

Shao Xi siempre había sido el encargado de peinarla, pero solo lograba hacerle una coleta torpe que le jalaba el cuero cabelludo. Esa mañana, Mu Jingzhe le había hecho un peinado hermoso sin causarle dolor.

—Segundo hermano, ya no tienes que peinarme. Deja que ella lo haga —dijo alegremente antes de correr hacia la casa.

—¡Ya volvimos!

—Lávense las manos y vengan a comer —respondió Mu Jingzhe con naturalidad.

Poco a poco, los niños habían adoptado nuevos hábitos de higiene gracias a sus enseñanzas.

Shao Zhong, que iba más rezagado, también vestía ropa nueva. A diferencia de sus hermanos mayores, él tenía un chaleco con un pequeño sombrero que le daba un aire adorable. Normalmente, seguía a sus hermanos a la escuela y jugaba afuera mientras ellos estudiaban, pero ese día se había quedado en casa, temeroso de ensuciar su ropa.

Shao Bei, todavía emocionada, se acercó a Mu Jingzhe con una sonrisa radiante.

—Tía, ¿sabes hacer otros peinados?

—Sí. Mañana te haré otro diferente —respondió Mu Jingzhe con una sonrisa.

Por primera vez, la mesa del comedor estuvo animada. Entre la emoción del día, Shao Xi aprovechó para preguntar con aparente desinterés.

—¿Hiciste tú la ropa? ¿Por qué decidiste hacerla para nosotros?

Su voz sonaba curiosa, pero su mirada reflejaba desconfianza. En el futuro, Shao Xi se convertiría en un gran escritor y líder de los medios de comunicación. Su vida le enseñaría a ver lo peor de las personas, así que no creía en la bondad gratuita.

Mu Jingzhe guardó silencio un momento antes de responder con sinceridad.

—Sí, las hice yo. Quería comprarlas, pero eran muy caras.

Y lo más importante… no tenía dinero para hacerlo.